Agustín Santana Correa, 14.04.2026
Ayer durante mi larga conversacion con mi oncólogo me vino a la mente, por algunos momentos, mi querido amigo Pedro Martín Flores Senior (q.e.p.d.).
Tuve el pensamiento de enviarle a Sergio aquél escrito que hice ya hace algunos años en recuerdo de mi querido amigo, de mi entrañable amigo, aquél hombe bueno, socialista de verdad, amante de la vida, amante de su familia y de sus amigos, entregado a la gente de su barrio como médico de familia, con aquella sonrisa que cautivaba y atraía, llena de confianza y de pasión por la vida.
Pués aquí va aquél escrito, porque la vida a veces te pide cosas antes de que sepas sus motivos.:
Querido Pedro, Hay hombres, con valores, que quedarán para siempre en la memoria de todos. Hombres de verdad, de los que hacen falta en todos los lugares del mundo, los que van diciendo con su sonrisa que hay cosas más importantes que el dinero, que el ser humano está por encima de los ideales, de las ideologías, de los objetivos, de los intereses.
En España en los últimos tiempos parece que no hay muchos así. Por eso eras importante, muy importante, para la gente sencilla, para todo ese pueblo que espera de sus dirigentes decencia, honradez, esfuerzo, trabajo por la comunidad.
Desde que te conocí hace muchos años vi que eras un gran hombre, un hombre de la gente, del pueblo y de las familias. Tenías tres grandes pasiones: Tu Familia, el Ser Humano y la Medicina.
Me contaste que eras bedel en un ambulatorio, y que tu ilusión era ser médico, y que empezaste a estudiar medicina trabajando, y que lo conseguiste, que al cabo de años y de esfuerzo fuiste médico en un Ambulatorio, en el Aeropuerto de Gran Canaria y sobre todo en tu Despacho de la Isleta. Médico de la gente sencilla, a la que atendías maravillosamente bien, a la que querías sin disimulo y con gran simpatía, a la que no le cobrabas la consulta cuando no te podían pagar con una sonrisa como respuesta. Ir a tu consulta, o hablar contigo en tu casa, era un relax adicional a tus siempre acertados diagnósticos, independientemente de la enfermedad que le consultases. Amabas al ser humano sin disimulo, con alegría, con ilusión, con esperanza, por encima de los posibles problemas que pudieras tener.
Y Junto al ser humano tu familia. En todas las conversaciones estaba presente Carmina, tus hijos y tus nietos, a quien adorabas y por quiénes te preocupabas constantemente.
Querido Pedro, hace mucho tiempo que no nos veíamos, pero para mí como si fuera ayer. Te has ido pero no definitivamente. Siempre estarás en los corazones de todos los que te conocimos. Eres de los imprescindibles.