Antonio Díaz Flores. Relatos Cortos. ¡¡ QUÉ NOS HA HECHO CAMBIAR TANTO!!

Cuando era pequeño, indudablemente hace bastante, en mi casa no se cerraba la puerta, si acaso por la noche, se le “pasaba la llave”.

El despertar era una maravilla mi madre me llevaba la rala de gofio a la cama, me incorporaba, casi sin abrir los ojos, a engullir el contenido de aquella escudilla con tamaño manjar.

 Por la mañana alguna vecina entraba sin llamar, a la voz del nombre de la matriarca de la familia, generalmente, siempre terminado en “ita” y la pregunta de rigor ¿está el café? llegaba hasta la cocina donde se sentaban y se iniciaba la tertulia mañanera hablando de lo cotidiano y, cómo no, algún chisme que otro.

Por mi parte a cumplir con mis obligaciones que se circunscribían a ir al colegio, mañana y tarde por cierto, con la aplicación adecuada y el enorme respeto hacia los profesores.

La llegada por la tarde era apoteósica, entraba, largaba la maleta, llegaba hasta la talega del pan, “cacho a la boca”, y a continuación a la azucarera, donde me esperaba una enorme cuchara sopera que llenaba copiosamente y pa’dentro. Después lo que cayera recuerdo especialmente el papelón de papel baso con gofio y azúcar, manjar de Dioses.

Después pa’lacalle hasta que se encendieran las luces, que infancia tan bonita, ¡ahh aquella calle de atrás!, por cierto, aún conserva los adoquines y muchas edificaciones de aquellos tiempos.

Compárenla con la infancia de nuestros hijos o nietos.

Continuará …….

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