Pedro Sánchez, monarca absoluto.

Agustín Santana, 27.08.2026

Declara que España ha sufrido una invasión en Ceuta y, acto seguido, se marcha de vacaciones, dejándonos como recuerdo un vídeo con sus canciones para el verano. Se encierra en su palacio favorito y pasa todo el mes de agosto viviendo como un rey, rodeado de lujos exclusivos al alcance de unos pocos millonarios, mientras cuelga en la puerta el cartel de «No molestar».

En Ceuta, la situación se complica día tras día: miles de inmigrantes viven en las calles, mientras se suceden graves episodios de violencia y la población permanece confinada en sus casas. Mientras tanto, pasan los días y el presidente del Gobierno español continúa disfrutando de sus vacaciones en su residencia de verano en Lanzarote, invitando a amigos y familiares a compartir una mesa repleta de manjares, en un ambiente de lujo digno de millonarios y reyes.

Regresa a su Palacio en Madrid y tiene preparado ya los billetes para marcharse de nuevo de vacaciones, ahora a Andorra a un hotel de cinco estrellas lujo. Hasta el uno de septiembre seguirá de vacaciones.

Sus asesores tienen que suplicarle que cancele el viaje a Andorra, advirtiéndole de que podría provocar una fuerte reacción social en su contra. Aun así, el presidente se resiste e insiste en mantener sus planes, hasta que finalmente no le queda más remedio que aceptar la cancelación.

Ceuta se ha convertido en un auténtico polvorín. Su población, cansada y hastiada de reclamar soluciones sin obtener respuesta, comienza a salir a las calles para protestar y exigir medidas ante una situación que cada día parece más insostenible.

Y yo me pregunto —y se lo pregunto también a los socialistas afiliados al partido—: ¿esto es socialismo? ¿De verdad van a seguir apoyando a este presidente? ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar antes de decir basta?

Ceuta no puede más, y España tampoco. Todos aquellos que depositaron su esperanza en un partido socialista y que se consideran verdaderos socialistas tienen que reaccionar urgentemente. No podemos permitir que, mientras la clase media desaparece y cada vez son más las familias que necesitan ayuda para salir adelante, nuestros dirigentes políticos vivan como millonarios, alejados de la realidad y de las necesidades de la gente.

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