Sufriendo el dolor por la muerte del gran artista a sus noventa y cuatro años, sintiendo los cien años del nacimiento de mi admirado y amigo Manolo Millares, recordando a mi adorada Elvireta Escobio su esposa, me pregunto cómo ofrecer mi meditación con silencio y serenidad creativa para compartir especialmente con aquellos que diariamente se comunican conmigo ofreciéndome lo mejor de su amistad.
Una caricia de mi compañero Federico, cayeron de sus alas dos plumas que me iluminaron plásticamente y surgió la CRUZ iluminándolo todo.
Haciéndome ver el final de la vida, la Fama, la Verdad, lo Justo y lo Auténtico que nos llevamos cuando todo se acaba.
Vuestro cariño. Contar con el mío. Humildemente y pleno de entusiasmo y pasión que aún me quedan este recuerdo profundo y honesto.
Mi cariño de siempre.