Antonio Díaz-Flores Ruíz. Relatos Cortos. ¡¡ EL BARRANCO GUINIGUADA!!

 

Antes de pasar a la siguiente etapa no quiero olvidar el que nombré sin darle la verdadera importancia que ha tenido el, enterrado en vida, Guiniguada cuantas aventuras barranco arriba con una tiradera y de cacería, la verdad con muy poca puntería, comiendo tunos indios con las consecuencias que todos imaginan, llegábamos hasta unas acequias donde muchas mujeres lavaban la ropa que recogían a domicilio, las metían en sacos de azúcar que portaban en la cabeza y la devolvían lavada y planchada ganándose la vida con ello.

Recuerdo las enredaderas, generalmente buganvillas, este nombre lo aprendí mucho después, siempre fueron enredaderas, por ellas subíamos y bajábamos hasta el cauce, bajo una de ellas nos fumamos, un amigo y yo, nuestra primera cajetilla de “cumbre”, paquete de tabaco que traía 14 cigarrillos, pedimos fuego, bajamos y, como ni él ni yo podíamos llevárnosla a casa, con la colilla de uno encendíamos el siguiente, nos fumamos siete cada uno, la peor borrachera de mi vida no fue de alcohol.

Fundamos un equipo de fútbol, el Verdi, compramos equipajes blanquiverdes para jugar en el campo que hicimos en el cauce y que cuando mejor estaba corría el barranco y adiós campo, la verdad es que el grueso del trabajo lo hacían los amigos de los riscos de San Roque o de San Nicolás.

Equipos como el Paquetes Vila, Canteras, el San Roque, el San Lázaro, el Santo Domingo jugaban allí, no sé qué liga, pero había liga y jugadores como León o Correa jugaron en él.

El debut del Verdi fue apoteósico, todos elegantes, botas las que había, las mías me las hizo un zapatero cuyo taller estaba junto al Hospital de San Martin, casi en la subida a San Juan, nos dijeron que jugábamos contra los once diablillos que no eran nada del otro mundo, por no hacer la crónica, nos metieron 11-1 y jugaban ¡¡descalzos!!

Los partidos se jugaban los domingos, había que ver la cantidad de gente que venía a verlos sentados en el muro con las piernas colgando al vacío.

Otro espectáculo era verlo correr, así decíamos y muchos seguimos diciendo cuando vemos correr el agua por ellos. ¿Lo que venía delante? árboles, tablas, aperos de labranza y algunos animales, recuerdo, creo que fue en 1958, cuando frente a mi casa y casi sin alongarme toqué el agua, iba de lado a lado pero no por la gran cantidad de agua, que sin duda fue mucha, sino porque la cantidad de cosas que arrastró taponaron el puente de palos, al no poder seguir su curso hasta el mar subió mucho el nivel.

Mi madre contaba que en un tiempo anterior a mi época también se hicieron unos jardines, que……. se llevó el barranco.

El taparlo fue, según dicen, una necesidad ahora quieren destaparlo, recuperar su entorno y hacer un paseo, ya hay hasta proyecto, el día que responsabilidad no sea solo una palabra habremos ganado mucho.

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