Culminada esa etapa de casi infancia llegó lo que se puede llamar primera juventud, empecé a dejar de jugar a la piola, montalauva y el escondite para buscar otras ilusiones que tenían que llegar y llegaron, vaya que si llegaron, las primeras reuniones, se ve uno tan reflejado en lo que contaba el gran Manolo Viera, en las azoteas, los tocadiscos, los vinilos, los bombillos con papel de celofán para cuando sonaba la música lenta, las primeras jovencitas a las que pretender, las idas al cine, el San Roque estaba muy cerquita, la emoción del roce de una mano, el primer beso, el primer inocente achuchón donde imperaba el respeto, cuantas vivencias por primera vez.
Los veranos, vacaciones, la playa de las canteras, aparecieron las amigas de nuestras amigas y formamos un grupito precioso, también llegaron las primeras desilusiones.
La Navidad empezaba el 15 de diciembre con la presentación en sociedad, en el Gabinete Literario, de las jóvenes al cumplir los 18 años, mi primer smoking, el baile de gala en el teatro Pérez Galdós los 28 de diciembre y un sinfín de fiestas que no paraban hasta Reyes.
La Semana Santa, se cerraban los alrededores de la Catedral, no se podía comer carne, salvo aquello de la bula, en las emisoras de radio solo música sacra o clásica, no nos dejaban ni cantar.
Al mismo tiempo la etapa del “muro del barranco”, Guiniguada por supuesto, después de cenar, noches de transistor, escuchando música, (Beatles, Rollings, Canarios etc.) o a Antonio Cubillo en radio Argel.
Compárenla con la juventud de nuestros hijos o nietos.
Continuará …….