Acabo de ver el documental y tantos años después del vil asesinato me sigue pareciendo increíble que cumplieran con su amenaza. Ni si quiera las lagrimas de miles de personas en todas las regiones de España conmovieron el corazón de piedra de los asesinos.
Fue un asesinato especialmente cruel y cronometrado que marcaron para siempre la diferencia entre vascos y asesinos pero que no se ha visto reflejado en las elecciones, porque EH-Bildu, los descendientes de ETA, han conseguido el apoyo del 32% de la población, si bien esto no implica que todos sus votantes estén de acuerdo con la violencia de los terroristas.
Pero sí es cierto que muchos de los dirigentes que mandaban en ETA en aquellos trágicos momentos siguen mandando ahora en el partido, y que además no se han arrepentido, por lo que siempre está la desconfianza hacia ese poder que cada año más se va reforzando en la sociedad vasca.
El grito casi unánime de “no son vascos, son asesinos” no se debe olvidar. El espíritu de Ermua como unión de todos los españoles en defensa de la libertad tiene que prevalecer por encima de los ideales políticos.