Anna y Theo han superado los noventa años y se aman. Aman también la vida, a los demás, las cosas grandes y las pequeñas, el mundo entero, con un profundo y sereno agradecimiento.
Para nuestra comunidad de amigos son un ejemplo que anima a implicarse en la vida diaria con pasión, algo que a edades avanzadas a veces empieza a flaquear. Ese recordatorio de que el amor y la pasión no tienen edad es un tesoro vital impagable cuando las fuerzas comienzan a desfallecer.
Las sombras suelen ser aspectos ocultos o reprimidos de la personalidad y en cambio sus sombras, las sombras de Anna y Theo, aparecen como un camino de libertad, de autoaceptación y de plenitud personal, conceptos que cuando tienes muchos años se consiguen a base de mucho amor por la vida, de mucha aceptación por los momentos y las circunstancias no siempre fáciles.
Anna y Theo hacen el vídeo adjunto, donde se proyectan sus sombras, y me lo envían. Lo abro y empiezo a vislumbrar la gran amplitud de WhatsApp, que no solo sirve para enviar palabras y comunicarnos, ni fotos, ni notas de voz: sirve también para sorprendernos con creaciones improvisadas que abren el corazón desprevenido y lo ponen en formato amor.
Llama la atención que Lientje no se transforme en sombra: el acompañante de la vida diaria que en todo momento expresa su devoción, que se levanta cuando tú te levantas, que camina cuando tú caminas, que se alegra apenas te ve. El que te ama incondicionalmente no se proyecta; quiere seguir siendo él, mirando por dónde vas para seguirte, para no perderte, para estar siempre contigo.
Un vídeo que anima el día, que alegra la vida, que da fuerzas para superar los inconvenientes.