En 1996, Olympia Canarias alcanzó un acuerdo de representación con Texas Instruments para la distribución y el servicio de reparación de los portátiles de la marca en las Islas Canarias. Fue un acuerdo muy complicado de cerrar porque en aquella época no se reparaban los ordenadores portátiles en Canarias, las reparaciones estaban centralizadas en Europa en la sede principal de cada marca, pero para representar a la marca de portátiles mi exigencia de tener el servicio técnico era irrenunciable.
Recuerdo al Jefe de Marketing en España —¿Fernando?— como el artífice de que se pudiera concretar el acuerdo de reparación, a pesar de toda la complejidad que implicaba la disponibilidad de piezas de repuesto y, en muchos casos, la necesidad de solicitarlas por vía urgente. Gracias a este acuerdo, Olympia Canarias podría reparar un portátil en una o dos semanas, mientras que el resto de la competencia necesitaba entre uno y dos meses, debido a los procesos de exportación e importación de los equipos a reparar.
Esta situación nos proporcionó una ventaja significativa en la cuota de mercado en Canarias, que se mantuvo durante todo el período en el que Olympia Canarias estuvo presente en el mercado. En 1997, Acer Computer adquirió Texas Instruments y comenzamos a comercializar portátiles Acer, manteniéndose el servicio de reparación con las mismas garantías.
Con el cambio de marca conocí a Javier Morell a pesar de que él no era mi contacto en Acer Computer. La relación con Fernando fue muy intensa, muy corta en el espacio tiempo pero muy intensa en lo personal, empatizábamos muy bien y eso contribuyó a conseguir aquel acuerdo de reparación que parecía imposible. Le perdí la pista desde aquella época y no he vuelto a coincidir con Fernando, mientras que con Javier se fue consolidando una amistad, además de la relación profesional, que ha durado hasta el día de hoy después de que pasara por diferentes puestos dentro de Acer y también fuera de la marca.
La importancia de las relaciones personales en el ámbito profesional es fundamental para alcanzar los objetivos que las empresas se fijan en sus planes estratégicos, y yo he tenido la suerte de empatizar con muchos de los profesionales con los que he tenido que negociar. José María García, Paulí Amat, Antonio Papale son ejemplos de relación personal que se ha mantenido a lo largo de los años a pesar de la distancia y del tiempo pasado.
Este trato personal puede resultar decisivo, siempre que existan y se desarrollen valores humanos que fomenten la convivencia, tanto en las reuniones profesionales como en los viajes que buscan combinar conferencias y acuerdos con actividades de carácter turístico. Esta integración incrementa la satisfacción laboral y la motivación, beneficiando tanto a los empleados como a las empresas, y en estos escenarios es cuando he logrado mantener relaciones personales muy satisfactorias.
Esto me recuerda también a Oscar Sánchez de Kyocera, otro impulsor de estas prácticas de estimulación que tuvieron gran éxito en los años que compartí con ellos viajes profesionales corporativos.
La amistad con Javier Morell fue creciendo con el paso del tiempo hasta consolidarse como una vieja amistad que enlaza nuestras historias de vida: distintas y distantes, pero lo suficientemente sólidas como para permitirnos reencontrarnos a través de WhatsApp como si estuviéramos mucho más conectados en persona.
Hace un par de años nos encontramos en Madrid para asistir a una presentación de mi amigo Emilio Duró, a quien Javier había seguido desde que lo conoció, y le hacía ilusión asistir juntos a una de sus conferencias. Aquel viaje lo cerramos con una cena espléndida en un restaurante de la Villa y Corte después de disfrutar de las dos horas de emociones y de optimismo del querido Emilio.
En todos estos años, desde 1997, nunca hemos perdido el contacto y nunca lo vamos a perder, porque el cariño y el respeto que nos profesamos mutuamente se reforzó naturalmente, como si estuviera siempre presente, que lo ha estado, a pesar de la distancia.
Recuerdo con mucho cariño mis años profesionales, las reuniones de planificación o de revisión o de ventas. Las relaciones personales, los viajes con objetivos y los trabajos hasta altas horas de la noche para cerrar acuerdos. Que haya quedado amistad es un tesoro emocional impagable. Para conseguirlo es imprescindible enamorarse del trabajo, ser feliz por hacer algo por lo que te pagan.