La poeta evoca una despedida atravesada por la muerte, pero también por la vida: lo material —polvo, huesos— dialoga con lo vital —el embarazo—, mientras la música irrumpe como un epitafio que susurra nunca te olvidaremos. Ciao Ciao canta con una esperanza obstinada en el regreso del amado y describe el instante en que creerá divisar su barco, emulando la ilusión de un ramo de flores que nunca llegó. Todo se revela, al final, como una hermosa coincidencia.